¡Que esperanza maravillosa la de aquellos a los que la fe les alcanza para creer que en el cielo volveremos a encontrarnos los hijos de Dios! Autor anónimoEn la ciudad de Pilar, Buenos Aires, donde vivo, sucedió algo que me impactó profundamente.Habíamos ido con mi esposa Hilda a un negocio de tapicería. El dueño del local, amigo nuestro, se puso a comentarnos, compungido, que un señor mayor que trabaja con él en su taller, había perdido el hijo una semana atrás. Pero lo dramático del caso es que nos dijo que ese hijo, de 38 años, se había suicidado.