Testimonio: mi hijo ha muerto

¡Que esperanza maravillosa la de aquellos a los que la fe les alcanza para creer que en el cielo volveremos a encontrarnos los hijos de Dios! Autor anónimoEn la ciudad de Pilar, Buenos Aires, donde vivo, sucedió algo que me impactó profundamente.Habíamos ido con mi esposa Hilda a un negocio de tapicería. El dueño del local, amigo nuestro, se puso a comentarnos, compungido, que un señor mayor que trabaja con él en su taller, había perdido el hijo una semana atrás. Pero lo dramático del caso es que nos dijo que ese hijo, de 38 años, se había suicidado.

 

 
Ni bien terminé de escuchar su relato, me introduje en el local y fui en busca de aquel hombre al que encontré tapizando un sillón.
Lo saludé (nunca lo había visto) y entablé con él el siguiente diálogo:
- Vine a hablar con usted porque Carlos nos acaba de contar que un hijo suyo se suicidó la semana pasada, ¿es así?, comencé diciendo.
- Sí, lamentablemente es verdad, respondió.
- ¿Y cómo piensa enfrentar semejante dolor?
La respuesta que recibí me llenó de asombro: “Ya lo estoy superando”
- ¿Pero cómo que ya lo está superando? ¿No me acaba de decir que esto sucedió hace una semana?, insistí desorientado.
- Así es, pero lo que no le dije es que yo soy un Hijo de Dios, soy un cristiano, y en los momentos de dolor, Jesucristo nos consuela a través del Espíritu Santo.
 
Yo pensaba hablarle del Evangelio y sugerirle que buscara en Dios el consuelo para semejante dolor. Y este hombre terminó predicándome a mí.
Cuando me presenté formalmente me dijo que me conocía desde la época en que yo era director del Periódico El Puente, me contó que es chileno, que practica la fe cristiana desde hace treinta años y me siguió relatando de la increíble fortaleza que él y su esposa recibieron de parte de Dios.
- “Anoche participamos de un servicio en nuestra iglesia de Grand Bourg y no podría explicarle con palabras el gozo que tuve durante toda la reunión”, me comentó.
Decidí invitarlo a que el domingo próximo viniera a nuestra iglesia a dar ese inmenso testimonio de fe. Y vino. E impactó a la congregación mucho más de lo que me había impactado a mí cuando contó los detalles de la muerte de su hijo.
 
Dijo: “Mi hijo intentó suicidarse tomando una gran cantidad de medicamentos muy nocivos. Él se había alejado de la fe. Aquella dosis, mortal para cualquiera, no le quitó la vida porque el Señor tenía otro plan.
En estado muy grave fue llevado e internado en terapia intensiva en un sanatorio del barrio de Once, en Capital Federal.
Al día siguiente, los médicos habían logrado compensarlo y hasta me hablaron que si seguía así, en cuarenta y ocho horas le darían el alta.
Cuando recuperó su lucidez, pude sentarme junto a él y llevarlo a Cristo, a quien aceptó con todo su corazón. Pocas horas después, inesperadamente, fallecía.”
Completó su relato diciendo: “Esa “jugada” tan llena de misericordia de parte de Dios permitió que el suicidio fracasara, que volviera en sí y que pudiera recibirlo en su corazón. Hoy, con mi esposa, podemos tener el gozo de saber que vamos a encontrar a nuestro hijo en la eternidad”
 
 
Las cosas que hace nuestro Padre no terminan de asombrarme. Por un lado ese consuelo inexplicable ante una pérdida tan grande, y por el otro, ese gesto de amor del Creador para que no existiera el suicidio en esa muerte.
 
Fuerte testimonio extraído del libro "Agridulce" de Marcelo Laffitte. Esperamos que sea de bendición para su vida y que este relato llegue a donde el Espíritu Santo quiera llevarlo, consolando y sanando corazones entristecidos.
Consiga este libro en nuestra tienda digital, link en comentarios.
 
por Marcelo Laffitte

Suscríbete a nuestro boletín de novedades

Te vamos a comunicar lo más destacado.
Solo una vez por semana te enviaremos notas seleccionadas de nuestra web.