¿Cómo compruebas que estás creciendo espiritualmente?
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By Monica
Monica
Todo ser vivo tiene una característica esencial: el crecimiento continuo. Cuando esto no sucede, es una señal de que algo no anda bien y debemos corregirlo. Lo mismo sucede con un cristiano. Debe notar que su vida espiritual está en constante crecimiento.
Si esto no ocurre, es tiempo de reflexionar y evaluar. Tal vez te preguntes:
“Marcelo, ¿cómo se puede medir el crecimiento de un creyente?”
Hay algunos factores clave que pueden ayudarnos a saber si estamos avanzando en nuestra vida espiritual. ¿Cuáles son?
1. Un aumento progresivo de la santidad.
2. Un testimonio cada vez más limpio y agradable ante los demás.
3. Una mayor comprensión y discernimiento de la Palabra de Dios.
4. Una aplicación práctica de lo que aprendemos en la Biblia.
Si estos cuatro aspectos están presentes en tu vida, ¡grita un aleluya! Tu salud espiritual va de maravilla. Si no, es tiempo de tomar medidas para enderezar el rumbo y buscar el crecimiento espiritual genuino.
Veamos cada uno de estos aspectos más en detalle:
1. ¿CÓMO SABER QUE NUESTRA SANTIDAD ESTÁ EN AUMENTO?
La santidad no significa perfección, sino una vida consagrada a Dios, apartada del pecado y dedicada a hacer su voluntad. Crecemos en santidad cuando somos cada vez más conscientes de nuestras actitudes carnales y le pedimos a Dios que nos perdone. Antes de conocer a Cristo, ni siquiera nos dábamos cuenta de muchas cosas que estaban mal en nuestra vida, pero ahora el Espíritu Santo nos convence (Juan 16:8).
“Como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir” (1 Pedro 1:15).
El que no busca la santidad, generalmente busca excusas y justificaciones para sus fallos y pecados. Pero quien anhela agradar a Dios, vive en un constante proceso de purificación clamando perdón a Dios (2 Corintios 7:1).
2. ¿QUÉ SIGNIFICA TENER UN TESTIMONIO CADA VEZ MÁS LIMPIO?
El testimonio es la forma en la que exteriorizamos nuestros valores internos. Refleja lo que realmente somos y lo que Cristo ha hecho en nuestra vida. Tener un buen testimonio no es solo hablar de fe, sino vivir de manera íntegra y ejemplar en todos los aspectos de la vida:
• Siendo amorosos y comprensivos con nuestra esposa y nuestros hijos.
• Mostrando sensibilidad hacia los necesitados.
• Siendo serviciales con los vecinos.
• Cumpliendo con nuestras responsabilidades laborales.
• Siendo correctos en nuestras actividades recreativas y deportivos.
• Mostrando cortesía y respeto hacia todos.
“Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5:16).
3. COMPRENDER CADA VEZ MÁS LA PALABRA DE DIOS.
Un crecimiento espiritual real se traduce en una mayor comprensión y amor por la Palabra de Dios. La Biblia no es un libro para leer a las apuradas, sino una fuente de vida y sabiduría que se revela a quienes la buscan con humildad y constancia.
“Escudriñad las Escrituras..." (Juan 5:39).
El primer paso para crecer en la Palabra es ser lectores disciplinados. Esto significa leer la Biblia cada día, con tiempo y dedicación, dejando que el Espíritu Santo nos hable a través de ella.
4. CONVERTIRSE EN HACEDORES DE LA PALABRA.
No basta con entender la Biblia; el verdadero crecimiento espiritual se produce cuando ponemos en práctica lo que aprendemos. La fe sin obras está muerta (Santiago 2:17). Ser hacedores de la Palabra es vivir lo que creemos.
“Sed hacedores de la Palabra y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos” (Santiago 1:22).
UN CHEQUEO ESPIRITUAL CONSTANTE.
Qué bueno sería que todos pudiéramos hacernos este chequeo espiritual con regularidad, ¿verdad? Al igual que revisamos nuestra salud física, necesitamos examinar nuestra vida espiritual para asegurarnos de que estamos avanzando en la dirección correcta.
Si notas estas señales de crecimiento en tu vida, ¡alégrate y sigue adelante! Si no, no te desanimes. Dios siempre está dispuesto a ayudarte a corregir el rumbo y a llevarte a nuevos niveles de madurez espiritual.
“El que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Filipenses1:6).