La palabra de Dios en Proverbios 3:11-12 dice “Hijo mío, no rechaces la disciplina del Señor ni te enojes cuando te corrige. Pues el Señor corrige a los que ama, tal como un padre corrige al hijo que es su deleite”.

Cuando estés pasando por situaciones desagradables y dolorosas, que hasta podrían ser consecuencias de tus propios errores, no pienses que Dios se complace en hacerte sufrir. Sino que te corrige para sacar lo mejor de vos, como todo buen padre hace con sus hijos.

Orá así: Padre Dios, gracias por corregir mis malos hábitos, con el propósito de hacer de mí alguien mejor. Te pido perdón por mis pecados. ¡Cambiá mi vida! Te lo pido en el Nombre de Jesús, amén.
¡Bendecido Domingo!