"Los doctores decían que no iba a volver a tener movilidad en ese brazo, porque era una fractura muy rara. Los días que sentía mucho dolor, tanto que necesitaba ayuda para bañarme, vestirme y le preguntaba al Señor si Él estaba conmigo o no, porque no entendía lo que estaba pasando. Un día, cuando vine al culto, le dije a mi esposo que iba a tardar en salir, porque quería que me oren los pastores" contó la hermana.
"Ese día me ministró la pastora Susana y me dijo: Inés, yo vi a Jesús a tu lado, y ella no sabía nada de lo que yo estaba pasando".
"Seguía con los controles, y el doctor continuaba diciendo que yo no iba a recuperar la movilidad, me advertía que no iba a quedar como antes, y yo dentro mío renunciaba a todo lo que el doctor decía y en su lugar declaraba palabras de vida".
"Me anoté para pasar a la línea de oración, y ese día, mientras me bañaba, me arrodillé clamando a Dios que me devuelva la movilidad del brazo, y el Señor me habló y me dijo que me arrepienta de mi orgullo, porque no podía soportar depender de alguien más, no podía aceptar depender de alguien hasta para vestirme" expresó llorando "y en medio de la oración renuncié al orgullo".
"Cuando llegué a la línea de oración, me pasó de todo, me sacaron el auto, no me llegaba el papel pero llegué y cuando fue mi turno el pastor Robert me tocó el hombro, y comencé a sentir un escalofrío por el cuerpo, y para mi sorpresa comencé a alabar al Señor, aplaudiendo por encima de mi cabeza, cosa que antes era imposible para mí y fui a cortarme el cabello levantando los brazos en la calle, agradeciendo a Dios el estar sana" recordó.
"El Señor obra cuando nos presentamos con un corazón humilde, y ve cuando nos humillamos en Su presencia" finalizó la hermana Inés.
Testimonio relatado en el Centro Cristiano de Avivamiento, Resistencia, Chaco, Argentina.