Cada vez que me dirijo a ustedes, ya sea de forma oral o escrita, procuro ser absolutamente realista. No comparto la postura de algunos predicadores o maestros que, con la intención de animar a su audiencia o de "ayudar a Dios", presentan un evangelio triunfalista e irreal: "Te convertirás en un campeón"; "Ganarás multitudes"; "Conquistarás naciones".