Aunque no entienda, obedezco

Había escasez en la tierra, silencio en los campos y preocupación en el corazón de muchos. Donde otros veían sequía, límite y fracaso, Isaac decidió obedecer. No sembró porque las condiciones fueran favorables; sembró porque creyó en la voz de Dios. “Y sembró Isaac en aquella tierra, y cosechó aquel año ciento por uno; y le bendijo Jehová.” — Génesis 26:12

 

La lógica decía que no era tiempo. El suelo estaba herido, el panorama parecía incierto, y todo alrededor hablaba de prudencia humana. Pero la obediencia no siempre nace en la abundancia; muchas veces florece justamente en la escasez, cuando el alma aprende a confiar más en Dios que en lo que ven sus ojos.
Isaac puso semilla en una tierra difícil. Cada grano lanzado al suelo era un acto de fe. Cada puñado sembrado era una declaración silenciosa: “Aunque no vea, confío. Aunque no entienda, obedezco. Aunque el entorno sea seco, Dios sigue siendo fiel.”
 
Y el cielo respondió. Lo que parecía improbable se convirtió en cosecha. Lo que parecía pérdida se transformó en multiplicación. Porque cuando Dios bendice, aún la tierra más árida puede dar fruto, y aun la temporada más dura puede convertirse en testimonio.
Isaac no dependió de la apariencia del campo, sino de la promesa del Señor. Por eso su obediencia no fue estéril. En medio del hambre, floreció provisión. En medio de la necesidad, brotó abundancia. En medio de la incertidumbre, se manifestó la fidelidad de Dios.
 
Cuántas veces nosotros también esperamos condiciones perfectas para avanzar, para creer, para sembrar, para obedecer. Pero Dios muchas veces obra de la manera más gloriosa cuando todo parece escaso, para que quede claro que el fruto no vino de la fuerza humana, sino de Su mano poderosa.
Si hoy sientes que tu tierra está seca, no dejes de sembrar obediencia, fe, paciencia y confianza. Dios sabe hacer crecer milagros donde los hombres solo ven desierto. Él puede bendecir tu esfuerzo, multiplicar tu semilla y sorprenderte en el lugar donde pensaste que ya nada podía florecer.
 
Recuerda: la escasez no tiene la última palabra cuando Dios ha hablado. Si obedeces, aun en el tiempo difícil, verás que lo que sembraste con lágrimas puede florecer con bendición. Porque la obediencia, en las manos de Dios, siempre termina dando fruto.
 
Publicación de RICHARD MARTINEZ

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