Había escasez en la tierra, silencio en los campos y preocupación en el corazón de muchos. Donde otros veían sequía, límite y fracaso, Isaac decidió obedecer. No sembró porque las condiciones fueran favorables; sembró porque creyó en la voz de Dios. “Y sembró Isaac en aquella tierra, y cosechó aquel año ciento por uno; y le bendijo Jehová.” — Génesis 26:12