Si conocieras a la mujer que fui antes de que Jesús transformara mi vida, entenderías por qué nunca dejaré de hablar de Él. Hubo un tiempo en que apenas podía seguir adelante. Era la mujer que lloraba hasta quedarse dormida y despertaba fingiendo que todo estaba bien. La que sonreía en las fotos mientras, en silencio, se estaba derrumbando. Cargaba tanto dolor, enojo y tristeza que ya ni siquiera me reconocía. Había días en los que, de verdad, no sabía cómo iba a continuar.