Comienzo diciendo algo importante: no solo los objetos o el dinero deben restituirse; también el honor. Recuerdo el caso de un hermano que había criticado y descalificado a otro, de nombre Francisco, en una importante reunión de líderes. Francisco se enteró y fue rápidamente a hablar con quién lo había calumniado, para demostrarle que todo lo que había dicho no era verdad. Fue muy sabio y valiente aquel hermano que había criticado, pues aclaró en otra reunión, frente a esos mismos líderes, que todo lo que había dicho en contra de Francisco, era falso.