El poder del perdón y la soberanía de Dios

El abrazo entre José y su hermano encapsula uno de los momentos más conmovedores de la Biblia. 
 

Y dijo José a sus hermanos: Yo soy José. ¿Vive aún mi padre? Y sus hermanos no pudieron responderle, porque estaban turbados delante de él. Entonces dijo José a sus hermanos: Acercaos ahora a mí. Y ellos se acercaron. Y él dijo: Yo soy José, vuestro hermano, el que vendisteis para Egipto. Ahora pues, no os entristezcáis ni os pese haberme vendido acá, porque para preservación de vida me envió Dios delante de vosotros. Pues ya ha habido dos años de hambre en medio de la tierra, y aún quedan cinco años en los que no habrá arada ni siega. Y Dios me envió delante de vosotros para preservaros un remanente en la tierra, y para daros vida por medio de una gran liberación. Así, pues, no me enviasteis vosotros acá, sino Dios, que me ha puesto por padre de Faraón, y por señor de toda su casa y por gobernador en toda la tierra de Egipto. Génesis 45: 3 al 8

Tras años de traición, abandono y sufrimiento injusto, José no responde con venganza, sino con lágrimas de amor y restauración. Él logró ver más allá de la crueldad de sus hermanos para reconocer la mano invisible de Dios guiando su destino.
 
Cuando enfrentamos traiciones, dificultades o situaciones que otros planean para nuestro mal, la historia de José nos invita a confiar. Dios no ha perdido el control; Él tiene la capacidad absoluta de tomar los fragmentos rotos de nuestro dolor y transformarlos en una plataforma de bendición y salvación para muchos. El perdón no cambia nuestro pasado, pero libera nuestro futuro para ver los milagros de Dios.
Publicación de Conecta2alacruz

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