Hay una diferencia entre sentir y ser gobernado por lo que sentimos

Dios nos creó con emociones. Jesús lloró, se conmovió, sintió angustia y compasión. Las emociones no son el problema; el problema comienza cuando ellas toman el lugar que solo le pertenece a Dios.

 

Un corazón gobernado por el enojo hablará sin pensar. Un corazón gobernado por el miedo dejará pasar las oportunidades que Dios pone delante. Un corazón gobernado por el orgullo no aceptará corrección. Y un corazón gobernado por la tristeza terminará creyendo que ya no hay esperanza.
 
Por eso la Escritura dice: "Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida", Proverbios 4:23
 
Guardar el corazón no significa endurecerlo. Significa entregárselo diariamente a Dios para que sea Él quien dirija nuestros pensamientos, nuestras decisiones y nuestras reacciones.
Las emociones cambian con las circunstancias. Hoy pueden llevarnos a la alegría y mañana al desánimo. Pero Dios no cambia. Cuando Él gobierna nuestro corazón, aprendemos a no reaccionar únicamente por lo que sentimos, sino por lo que creemos de Su Palabra.
 
Hoy le digo al Señor: "Gobierna mi corazón. No permitas que mis emociones decidan por mí. Que sea tu verdad la que dirija mi vida, aun cuando mis sentimientos quieran llevarme por otro camino."
Fuente: Selah, pausa y reflexión

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