Testimonio: Charlas para matrimonios

Muchos creen, equivocadamente, que al casarnos se arreglan todos nuestros conflictos. Como el matrimonio comienza con una luna de miel, dan por descontado que todo lo que sigue es dulce. La psicóloga y escritora Lynne Darling dice: “Después de todo, los matrimonios comienzan con una falsa ilusión bajo los efectos de la droga del amor. Y con una mentira, si el hecho de no saber quién es uno y quién es el otro puede llamarse una mentira”.
Por eso es bueno escuchar a quienes, como es el caso de Hilda y mío, hablamos y aconsejamos desde la profundidad de la experiencia.
 
Es verdad que la luna de miel es muy fugaz y al poco tiempo de casados nos damos cuenta que esta cosa de convivir bajo un mismo techo en armonía tiene sus bemoles. Pero debemos ser, aparte de realistas, muy optimistas por una sola razón: a diferencia de los miles y millones de matrimonios que luchan por la felicidad con sus propias fuerzas y sus propios razonamientos, nosotros, los que un día hemos aceptado a Cristo y le hemos dado la bienvenida en nuestros corazones al Espíritu Santo, no peleamos la batalla solos.
 
¡Pero cuidado! Podemos ser cristianos que se ocupan poco de la fe (la fe debe fortalecerse cada día) y entonces la posibilidad de llevar una vida victoriosa estará un poco más lejana. Por eso, a los que están por casarse, a los que han comenzado hace poco a transitar el camino del matrimonio y en definitiva a todos los matrimonios creyentes, nuestro primer y gran consejo es este:
 
Si lo que buscamos es un matrimonio feliz y armonioso hay un elemento que no puede faltar: la presencia de Dios en medio de la casa.
 
 
Pero no hablamos de un Dios dominguero o esporádico sino de un Dios diario y permanente que interviene en nuestras decisiones y acciones.
 
Con Hilda muchas veces hemos estado en la encrucijada de no saber qué hacer. ¿A quién le hemos preguntado cómo seguir? Al Señor. Y hemos esperado su respuesta antes de actuar.
 
Por eso el primer consejo en este tiempo previo al casamiento y en los primeros tiempos de casados es este: Reforzar la fe. Revitalizarla, tomar la decisión de tener una relación más estrecha con el Señor. Esto, no lo duden, hará la diferencia.
 
Permítanme preguntarles: ¿Cómo definirían ustedes su fe? ¿Débil? ¿Fuerte? ¿Dominguera? ¿Permanente?
 
En su Palabra, el Señor nos invita a examinarnos interiormente para comprobar cómo está nuestra fe.
"Escudríñame, oh Señor, y pruébame; examina mis íntimos pensamientos y mi corazón." Salmos 26:2
"Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos." 2° Corintios 13:5
 
Esta etapa que ustedes van a comenzar no funcionará, insistimos, con una fe light, con una fe pobre y débil. Pregúntenle a cualquier matrimonio con varios años de casados y todos les van a decir lo mismo: “Sin Dios nuestra pareja estaba destinada al fracaso”. (Esto lo dice Silvia Himitián en su sólido libro “ Casamiento: ¿sueño o pesadilla?”)
 
¿Por qué ponemos tanto énfasis en fortalecer la fe en Dios? Porque el único modelo de matrimonio que puede llegar a buen puerto es el modelo M3: Matrimonio de tres: La pareja y Jesucristo. ¡Ese sí que es un cordón triple que no se rompe! "Y si alguno prevaleciere contra uno, dos le resistirán; y cordón de tres dobleces no se rompe pronto." Eclesiastés 4:12
 
Somos tan difíciles y tenemos tantas limitaciones que si el Espíritu Santo no sigue moldeando cada día nuestro carácter el matrimonio no funcionará. Poco y nada puede hacerse usando solamente nuestras fuerzas humanas y nuestra voluntad.
 
Y si no tenemos grabadas a fuego las enseñanzas de Jesús en nuestros corazones, hay fracaso seguro.
 
¡Esos dos factores operaron el milagro de nuestras vidas: el Espíritu Santo y las enseñanzas de la Biblia fueron claves en nuestro matrimonio!
 
por Marcelo e Hilda de Laffitte

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