Por eso es bueno escuchar a quienes, como es el caso de Hilda y mío, hablamos y aconsejamos desde la profundidad de la experiencia.
Es verdad que la luna de miel es muy fugaz y al poco tiempo de casados nos damos cuenta que esta cosa de convivir bajo un mismo techo en armonía tiene sus bemoles. Pero debemos ser, aparte de realistas, muy optimistas por una sola razón: a diferencia de los miles y millones de matrimonios que luchan por la felicidad con sus propias fuerzas y sus propios razonamientos, nosotros, los que un día hemos aceptado a Cristo y le hemos dado la bienvenida en nuestros corazones al Espíritu Santo, no peleamos la batalla solos.



