Una peluquera cristiana vivió un milagro extraordinario después de superar un accidente cerebrovascular hemorrágico que la mantuvo en coma durante 23 días, con diagnóstico de muerte cerebral y múltiples fallos orgánicos, en Manaos, capital del estado de Amazonas.
Durante una jornada de trabajo agotadora en la Nochebuena de 2022, con pocas horas de descanso y casi sin alimentarse, Joyce comenzó a sentirse mal mientras atendía en su salón de belleza. “De repente mi cuerpo se paralizó, empecé a botar espuma por la boca, no podía hablar ni caminar y me faltaba el aire. En mi mente clamé a Dios y le pedí que no me dejara morir”, contó a la revista Crescer.
Fue llevada de urgencia al hospital, donde los médicos informaron a su familia que había sufrido un derrame cerebral, aunque en ese momento aún no conocían la gravedad del cuadro. “El hospital no tenía recursos para atender un caso como el mío, así que solicitaron una ambulancia. Como era Nochebuena, tardó cuatro horas en llegar. Al subir, todo se volvió oscuro y entré en coma”, relató.
Joyce fue trasladada a la única unidad de emergencia de Manaos con una UCI disponible. Su hijo la acompañó y recordó que, durante el trayecto, un paramédico revisó sus pupilas y dijo con preocupación: “Estamos perdiendo a tu madre”. En medio del pánico, él comenzó a orar. Al llegar al hospital, los médicos advirtieron que la situación era crítica y autorizaron su intubación de inmediato.
Diagnóstico devastador
Tres días después, los médicos confirmaron a la familia que Joyce tenía muerte cerebral y que no había más posibilidades de recuperación.
“Todos mis órganos habían fallado: los intestinos, los pulmones, los riñones. Yo solo seguía con vida gracias a las máquinas. Mi corazón aún latía, pero podía detenerse en cualquier momento. No tenía actividad cerebral ni reacción alguna; mi cerebro estaba lleno de sangre”, explicó.
Tras otro traslado, los especialistas decidieron iniciar hemodiálisis debido al mal funcionamiento de los riñones. Fue en ese momento cuando algo inesperado ocurrió. “Cuando comenzaron el procedimiento, empecé a reaccionar, aun estando intubada. Ahí fue cuando mi actividad cerebral empezó a regresar”, afirmó.
Joyce permaneció hospitalizada durante 39 días, 23 de ellos en coma. Mientras tanto, familiares, amigos y miembros de la iglesia se reunían en los alrededores del hospital para orar por su vida.
Al día 15, los médicos realizaron una traqueotomía y advirtieron que, si sobrevivía, quedaría en estado vegetativo, sin poder moverse, hablar ni oír.
Experiencias espirituales
Joyce contó que durante el coma tuvo vivencias sobrenaturales.
“Cuando entré en coma, fue como si el mundo espiritual se abriera. Ya no veía lo que ocurría a mi alrededor, sino que me veía en otros lugares. Fueron experiencias que nunca había tenido antes”, relató.
Hoy continúa en proceso de rehabilitación. Aunque aún no camina sola, ya puede mantenerse de pie, hablar con claridad y realizar actividades básicas.
“Todavía me canso al hablar, pero me comunico bien. Voy al baño normalmente, como por vía oral y escucho con claridad. A veces veo borroso, pero sigo avanzando”, explicó.
Las principales secuelas afectaron su equilibrio, coordinación y sensibilidad en el lado izquierdo. Sin embargo, Joyce afirma que no se rendirá.
“Dios me devolvió la vida y sé que tengo una misión: advertir a otras personas para que cuiden su salud”, aseguró.
También reconoció que sus malos hábitos influyeron en su condición.
“Comía muchos alimentos ultraprocesados, tenía niveles altísimos de estrés, dormía mal, trabajaba demasiado y no descansaba. Era una bomba de tiempo”, confesó.
Finalmente, Joyce declaró:
“Volví de una muerte cerebral. Para Dios nada es imposible. Él me dio una nueva oportunidad para contar este milagro y ayudar a otros. Estoy viva para testificar que hay un Dios real y poderoso”.