¡Cuidado con despreciar a quien Dios está preparando para ser instrumento de bendición!

¡Hay gente que te cita la biblia con la misma boca con la que intenta destruirte! Y lo más peligroso no es que conozcan las Escrituras, sino que las utilicen para justificar la crueldad que llevan en el corazón.

A José no lo lanzaron a la cisterna los egipcios. ¡Lo lanzaron sus propios hermanos! Los mismos que conocían su historia, su casa, sus sueños y su identidad. Los que debieron protegerlo fueron los que conspiraron para desaparecerlo.

Pero cometieron un error: confundieron el poder de arrojarlo con la autoridad de determinar su destino.

¡Podían quitarle la túnica, pero no podían arrancarle el propósito!

Y así sucede hoy en muchas iglesias.

Hay personas que conocen tus heridas, tus debilidades, tus errores y hasta tus temporadas más oscuras. No utilizan ese conocimiento para restaurarte, sino para señalarte, desacreditarte y enterrarte espiritualmente.

Te hablan de gracia con el látigo en la mano. Te predican amor con la ofensa en la boca. Te exigen santidad mientras alimentan el desprecio en su corazón.

¡Qué contradicción!

Conocen los versículos que condenan, pero parecen haber olvidado los que ordenan restaurar.

Gálatas 6:1 declara que, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, los espirituales deben restaurarlo con espíritu de mansedumbre.

Observa la profundidad: la evidencia de espiritualidad no es la capacidad de descubrir la debilidad ajena, sino la madurez para restaurar al que ha caído.

Porque cualquiera puede levantar una piedra, pero no cualquiera tiene el carácter de extender una mano.

Y aquí está la revelación:

Los hermanos de José conocían su pasado, pero desconocían su futuro.

Lo vieron dentro de una cisterna, pero Dios ya había determinado que llegaría a gobernar en Egipto.

¡La cisterna no era su destino, era una estación dentro de su proceso!

Escúchame bien: hay quienes creen que porque conocen una etapa de tu vida tienen autoridad para definir toda tu historia.

Pero tu llamado no nació de la opinión de los hombres, y tampoco morirá por su rechazo.

No confundas esto con vivir sin corrección. Dios corrige a quienes ama. Pero la corrección bíblica busca restaurar; la humillación busca destruir.

Jesús confrontó el pecado, pero también confrontó a los religiosos que habían convertido la Ley en un instrumento de opresión.

Y quizás lo más confrontador de esta historia no sea que José salió de la cisterna, sino que cuando sus hermanos necesitaron pan, encontraron provisión en aquel que habían rechazado.

¡Cuidado con despreciar a quien Dios está preparando para ser instrumento de bendición!

Génesis 50:20 declara: «Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien».

No necesitas devolver cada golpe ni responder cada acusación.

Necesitas permanecer fiel al Dios que te llamó.

Porque cuando Dios extiende su mano sobre una vida, ninguna cisterna tiene la última palabra.

Y a ti que tienes el látigo en la mano y la biblia en la otra:

Antes de señalar la herida de tu hermano, examina la condición de tu propio corazón.

No puedes representar al Cristo que restaura mientras disfrutas viendo caer a aquellos por quienes Él también derramó su sangre.

¡El reino no necesita más acusadores disfrazados de defensores de la santidad! necesita hombres y mujeres que manifiesten la verdad con el Carácter de Cristo!

Si alguna vez intentaron enterrarte quienes debieron levantarte, escribe: «mi propósito no muere en la cisterna».

Y comparte esta palabra. Quizás alguien necesita comprender que el rechazo de los hombres no cancela el llamado de Dios.

Publicación de Iván Sariego

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