Esa es la biografía emocional de una mujer que experimentó el rechazo de su propio cuerpo y la burla constante de su entorno. Su nombre era Ana.
El primer capítulo del Primer Libro de Samuel nos presenta un hogar profundamente disfuncional. Un hombre llamado Elcana tenía dos esposas: Ana y Penina. El texto bíblico establece el conflicto con una crudeza brutal en un solo versículo: "Penina tenía hijos, mas Ana no los tenía".
En la cultura del antiguo Medio Oriente, el valor de una mujer estaba trágicamente ligado a su capacidad de dar a luz. No tener hijos no solo era una tristeza personal; era considerado una maldición divina y una vergüenza pública. Ana sentía que su cuerpo estaba roto y que el cielo la había olvidado.


