Quizás las batallas que has enfrentado no eran para destruirte… sino para preparar el propósito que Dios puso dentro de ti. La unción de Dios no siempre se ve por fuera. A veces se revela en las lágrimas que nadie vio. En las oraciones silenciosas de madrugada. En las veces que querías rendirte… pero aun así seguiste adelante.