Raquel fue el amor, Lea fue el pacto de Dios

¿Sabías que Jacob fue sepultado junto a Lea, y no junto a Raquel? No junto a la mujer que amó. No junto a aquella por quien lloró. No junto a la mujer por la que trabajó catorce años para hacerla su esposa. Sino junto a Lea.

 

En Génesis 49:29–31, cuando Jacob estaba a punto de morir, dio una instrucción muy clara: «Sepúltenme… en la cueva… donde fueron sepultados Abraham y Sara, Isaac y Rebeca… y allí sepúltame junto a Lea.»
 
Detente por un momento y reflexiona.
Raquel fue la pasión de Jacob. Lea fue su pacto. Raquel representó su historia de amor. Lea representó la historia del pacto de Dios. Raquel conquistó su corazón. Lea fue parte del propósito eterno de Dios. Raquel fue sepultada al borde del camino (Génesis 35:19). Lea, en cambio, descansó en la tumba ancestral del pacto, el lugar donde reposaban aquellos a través de quienes Dios había establecido Su promesa.
 
Y aquí está el misterio: Lea fue la rechazada. La mujer que Jacob nunca escogió. La que tuvo que aceptar, pero no deseó. Sin embargo, Dios la escogió. De Lea nació Judá. Y de Judá vino Jesucristo, el Mesías.
 
Permite que esta verdad penetre en tu corazón: La mujer que fue rechazada por un hombre llegó a ocupar un lugar central en el plan redentor de Dios. Porque Dios no determina tu destino por el rechazo de las personas, sino por el propósito eterno que Él ha establecido para tu vida. Quizás hoy te sientas ignorado, menospreciado o rechazado.
 
Pero recuerda esto: el rechazo de los hombres nunca puede cancelar la elección de Dios.
Lo que otros desprecian, Dios puede convertirlo en el instrumento de Su gloria.
Dios sigue escribiendo historias de redención con personas que el mundo nunca imaginó. Y cuando Él decide exaltar a alguien, nadie puede impedirlo
 
Publicación de Sarah Simón

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