La evaluación, acompañada de una decidida actitud de cambio, es lo que nos evitará tropezar varias veces con la misma piedra.
Si nosotros no apelamos con frecuencia al verbo evaluar, lo más probable es que todo siga igual, y entremos en algo peligroso que es la “rutina espiritual”.
Alguien dijo: “Si siempre haces lo que siempre has hecho, siempre serás el que siempre has sido”.