Números 13:32-33 “La tierra que fuimos a explorar mata a la gente que vive en ella, y todos los hombres que vimos allá eran enormes. Vimos también a los gigantes, a los descendientes de Anac. Al lado de ellos nos sentíamos como langostas, y así nos miraban ellos también”.

Dios les había dado como herencia a los israelitas una tierra maravillosa, pero ellos tenían que poseerla, luchar para conquistarla. Pero creyeron más en los problemas, que, en las Promesas de Dios, y por eso aquella generación maldijo su propia tierra y vivió en un desierto.

Deja de mirar lo grande que es el problema y ten fe en el poder de Dios. Deja de escuchar palabras de derrota y aférrate en las promesas del Señor.

Deja de maldecir tu tierra y bendice las obras de tus manos, tu familia, tu nación.
Ora así: Padre Dios, creo en tus Promesas y en tu gran Poder. Me levanto en fe para poseer todo lo que me has dado como herencia. Bendigo mi casa y mi nación. En el Nombre de Jesús, amén.
¡Bendecido Domingo!