Testimonio: un año libre del alcohol, con ayuda de Papá Dios
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By Monica
Monica
En noviembre del año pasado me emborraché, choqué y no recordaba nada. Hoy domingo vine a la casa del Jefazo (Dios) a darle las gracias por algo muy especial: este mes cumplo un año que dejé de tomar.
Me da un poco de pena contar, pero esto es la razón de mi decisión:
Hace un año yo estaba muy mal y no lo quería aceptar. Tenía un chorro de problemas económicos, emocionalmente estaba destruido xq llevaba aproximadamente cuatro meses sin poder ver a mis hijos.
No saben lo horrible que se siente eso. Es como si te arrancaran una parte de tu alma y tuvieras que seguir haciendo tu vida como si todo está bien y con una sonrisa falsa.
En noviembre salí a una fiesta, tomé muchísimo y tuve un accidente con mi vehículo. Al día siguiente no recordaba nada. Mis papás fueron x mí y me tuvieron que contar lo que había pasado. Me dió un mega remordimiento de consciencia me cayó el veinte de que pude haberme matado o, peor todavía, haber matado a alguien más. Fué una irresponsabilidad tan grande de mi parte.
Recuerdo que ese día me senté frente a mi computadora y me puse a llorar en silencio de esos llantos donde se mezcla coraje, tristeza, odio, rencor, en fin una tortura.
Me sentía fracasado. Endeudado, sin mis hijos, con un montón de problemas y sin encontrarle salida a nada, recuerdo que justo esa misma mañana me había enojado con Dios.
Le reclamé de todo. Que por qué me pasaban esas cosas, que por qué me había tocado vivir eso, que qué había hecho yo para merecerlo.
Como si Dios tuviera la culpa de todas mis decisiones.
Ya en la noche, después de darle mil vueltas a todo, terminé haciendo una promesa con Dios, le dije que ya no podía más, me sentía incompetente y que quería cambiar mi vida, que quería saber qué es estar bien de vdd, pero que esta vez quería hacer las cosas correctamente.
Le quería ofrendar algo a cambio como muestra de mi compromiso pero no sabía que, xq no tenía nada.. Y se me ocurrió el alcohol. no me consideraba alcohólico, pero sí me gustaba tomar y, cuando tomaba, muchas veces no me medía.
Entonces le dije, Dios, te entrego el alcohol. Te entrego algo que disfruto, pero quiero que sea mi compromiso contigo y conmigo mismo de que voy a salir adelante y le dije como me quiero ver y en donde.
Y esa fue mi promesa.
No les voy a decir que al día siguiente amanecí siendo otro hombre, porque no fue así. Los problemas siguieron. Las deudas siguieron. El dolor por mis hijos también.
Pero poco a poco fue disminuyendo, entendí algo que me costó muchísimo trabajo aceptar: Hay cosas que por más que te enojes, llores, pelees o les des mil vueltas, simplemente no están en tus manos.
Y yo llevaba meses queriendo resolver absolutamente todo y más me frustraba.
Empecé a soltar. A aceptar. A dejar de pelearme con la realidad, es como doblar las rodillas, apagar mi ego, relajar el orgullo.
Y así Seguí viniendo los miércoles y domingos a escuchar la Palabra de Dios y, curiosamente, muchas cosas que antes escuchaba y no entendía empezaron a tener sentido. Me di cuenta de que entre más soltaba las cosas que no podía controlar, más control empezaba a tener sobre mis propias emociones.
Y eso, para alguien que traía tanto coraje, miedo y resentimiento, fue un cambio enorme.
Hoy, un año después, mi vida es muy diferente. Siguen los obstáculos pero ya no me ahogan como antes. Mi negocio ha ido creciendo, he podido resolver muchísimas cosas que no creía que en un año lo lograría y, sobre todo, tengo mucha más paz en mi alma.
También he aprendido a perdonar, a dejar de querer tener siempre la razón y a no tomarme todo tan personal. Claro que todavía hay cosas que me duelen. Especialmente cuando se trata de mis hijos.
Pero ya no reacciono igual. Ya no vivo con esa desesperación de querer arreglar mi vida entera en un solo día.
Y algo que me da mucha risa es que cuando estoy en una reunión, hace calor y se me antoja una cerveza bien fría o un vino me acuerdo de aquella noche.
Me acuerdo de lo que le prometí a Dios.
Y se me quitan las ganas.
No porque me lo prohíba, sino porque es una decisión que tomé y quiero seguir respetando.
Hoy cumplo un año de darme cuenta que puedo cumplirme y respetar mi palabra, de forjar una versión de hombre que realmente quiero ser.
me gusta mucho más la persona en la que me estoy convirtiendo.
Todavía me falta un chingo por aprender, por corregir y por mejorar.
Pero los resultados me dicen que vamos bien!
Y por eso hoy vine a darle las gracias al Jefazo. Porque hace un año le pedí otra oportunidad para hacer las cosas bien.
Y aquí sigo como un niño que vino a ver a su padre cumpliéndole porque él no me falló, si me cumplió cuando se lo pedí.