En medio del peor momento, mientras solo quedan escombros de su vida, con su pequeño al lado, el coro de la iglesia comienza a cantar:
“Señor, no muevas esa montaña
Dame la fuerza para escalarla
Señor, no quites ese obstáculo
Sino guíame alrededor de él”.
Y es ahí que Chris, y todas las personas que están ahí, esa comunidad de gente rota, tienen su momentum, su catarsis espiritual. Había una montaña, y aunque la fe puede moverlas, porque así lo prometió el Maestro, hay ocasiones en la vida que la montaña no se moverá, se quedará ahí, estática, firme, impotente. Solo quedará un camino: escalarla, paso a paso, lágrima a lágrima, un día la vez.
No se que puedes estar viviendo que parezca grande, imposible, invencible y sin fecha de caducidad, pero te recuerdo que Él da fuerzas al que no tiene ninguna, afirma los pies del débil, y ofrece descanso al cansado.
Hoy es el día de levantarte, y comenzar el camino hacia la cima, y vencer.
Hay montañas que Dios no quita de nuestro camino, porque en medio de ellas también aprendemos a confiar, resistir y fortalecer nuestra fe. No siempre necesitamos que desaparezca el problema; a veces necesitamos que Dios nos dé fuerzas para atravesarlo.
La Biblia nos recuerda: «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece» (Filipenses 4:13).
No importa qué tan grande sea la montaña que hoy tienes delante. No te rindas. Dios puede darte fuerzas cuando ya no tengas ninguna y esperanza cuando todo parezca perdido. Sigue avanzando, un paso a la vez. ¡Con Dios, todavía puedes llegar a la cima!