Si hay alguna área seca en tu vida, Dios la puede sanar

La ciudad tenía belleza, pero sus aguas estaban enfermas. Había vida alrededor, pero en lo profundo algo no producía fruto. Entonces los hombres fueron a Eliseo y le dijeron la verdad: el lugar era bueno, pero las aguas eran malas y la tierra no daba lo que debía dar. “Entonces saliendo él a los manantiales de las aguas, echó dentro la sal, y dijo: Así ha dicho Jehová: Yo sané estas aguas, y no habrá más en ellas muerte ni enfermedad.” — 2 Reyes 2:21

 

A veces así también se ve el corazón. Por fuera todo parece estar en orden, pero por dentro hay áreas secas, heridas ocultas y fuentes que necesitan ser sanadas por Dios. Eliseo no ignoró el problema. Tomó una vasija nueva, puso sal en ella y fue al manantial, porque Dios no solo trata los frutos dañados; Él sana la raíz.
Cuando la sal tocó las aguas, la palabra del Señor fue declarada: “Yo sané estas aguas.”
 
Y donde había esterilidad, comenzó una nueva historia.
 
Dios puede sanar lo que parecía improductivo. Puede tocar la fuente de tu vida, limpiar lo que se contaminó y hacer que vuelva a fluir esperanza donde antes había pérdida. Lo estéril no es final cuando Dios interviene. Lo seco puede reverdecer. Lo detenido puede volver a producir. Lo que parecía muerto puede recibir vida otra vez.
 
Señor, sana mis fuentes. Toca las áreas de mi vida que han dejado de dar fruto, limpia lo que me ha detenido y haz que tu gracia vuelva a fluir en mí. Amén.
 
Publicación de RICHARD MARTINEZ

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