Los hombres de fe se cansan y Dios usa a otros para sostenernos
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By Monica
Monica
Hubo una batalla en el valle, pero la verdadera fuerza se estaba peleando en la cima del monte. Moisés levantaba sus manos delante de Dios, y mientras sus brazos permanecían en alto, el pueblo avanzaba.
“Y las manos de Moisés se cansaban; por lo que tomaron una piedra, y la pusieron debajo de él, y se sentó sobre ella; y Aarón y Hur sostenían sus manos, el uno de un lado y el otro de otro; así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el sol.”— Éxodo 17:12
No era solo una postura del cuerpo, era la imagen viva de una dependencia total del cielo. Pero aun los hombres de fe se cansan. Aun los que han visto milagros, aun los que han abierto mares, aun los que han escuchado la voz de Dios, llegan a momentos donde el peso se vuelve demasiado grande. Y aquel día, Moisés sintió en sus brazos el límite de su humanidad. Entonces aparecieron Aarón y Hur. No llegaron con juicio, sino con ayuda; no con discursos, sino con hombros dispuestos. Le pusieron una piedra para descansar y sostuvieron sus manos hasta que el sol se escondió.
Qué hermosa es la obra de Dios cuando usa a otros para sostenernos. Porque hay victorias que no se alcanzan solos, y hay cansancios que el cielo responde a través de manos amigas.
Dios no solo da fuerzas directamente; a veces también envía personas que levantan nuestros brazos cuando ya no podemos más. Aquella escena nos recuerda que el cansancio no es derrota.
Pedir apoyo no es debilidad.
Y ser sostenido por otros también forma parte del propósito de Dios.
Quizás hoy te sientes como Moisés, cansado en medio de la batalla.
Pero el Señor sigue siendo fiel: si tus fuerzas se debilitan, Él sabrá cómo sostenerte.
Y cuando te cansas, Él te sostiene… a veces con Su mano, y muchas veces por medio de personas que Él mismo pone a tu lado.