Una mujer me contaba el otro día algo que muchas no dirían en voz alta. Me contaba cómo administra la quincena. Cómo sabe exactamente cuánto entra, cuánto sale, y cuánto hay que hacer rendir para que alcance. Cómo cuando el dinero llega corto, no es porque nadie en la casa trabaje o se esfuerce, sino porque las necesidades no esperan y los números a veces simplemente no cuadran. Me contaba cómo se vuelve creativa en la cocina con lo que hay, cómo reorganiza prioridades, cómo encuentra maneras de hacer que lo poco cubra lo mucho.