No importa cómo la gente te vea o cómo te han tratado, cuando recibes la unción, sabes quién eres en Él.
Es por eso que si no sabes quién eres, el diablo te engañará siempre; si no sabes lo que Dios hizo por ti, estarás dando vueltas en la frustración, porque no te ha sido revelado el amor del Padre. Solo te vas a poder posicionar en Dios cuando recibes la unción; va a haber un cambio en tu vida.
Si buscas primeramente el reino de los cielos, lo demás vendrá por añadidura y Dios no solo te está esperando para resolver tu problema.
Sino que nos estaba esperando con la unción para ungirnos como reyes y sacerdotes y no solo nos ministra: "El Espíritu de Dios está sobre mí por cuanto me ha ungido"; esa unción es la que pudre los yugos. Jesús dijo: "Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga".
Cuando tomamos el yugo de Jesús, su carga se vuelve ligera y liviana. Puedes pedir la unción, pero si no conoces lo que has recibido, seguirás como un mendigo.
Cuando caminamos con el Espíritu Santo, nos mantenemos unidos a Jesús y empezamos a caminar conforme a su voluntad. Cuando camines con Él, no te va a dar una carga tan grande que no puedas soportar, pero el desafío será más grande.
El gran trayecto que debo hacer, no lo puedo hacer solo; por eso es necesario que vaya con Jesús. El yugo que satanás nos pone es la amargura; esa es su voluntad.
Uno de aquellos yugos es lo económico; otro yugo del infierno es la enfermedad, el yugo espiritual que no te deja avanzar y el yugo de opresión familiar.
Entrégale al Señor esos yugos que te atan al infierno y confía, ¡porque la unción quiere venir sobre tu vida!
Pastor Robert Acosta, Centro Cristiano de Avivamiento, Resistencia, Chaco, Argentina