Un lamento que escuchamos con frecuencia es:"Iniciamos este ministerio y hemos fracasado, aunque hacía falta, aunque fue pensado con la intención de aportar al Reino, y aunque lo concretamos con toda transparencia." Muchos, tras ese fracaso, terminan expresando con frustración que no entienden a Dios.
La pregunta que se me ocurre en estas situaciones es: ¿Dios les pidió que hicieran eso?
Siempre afirmo que es tan malo no hacer lo que el Señor nos pide que hagamos como ponernos a hacer lo que Él no nos pidió.
Ambas posturas nos colocan fuera de Su voluntad. Recordemos que a Dios le agrada nuestra dependencia de Él; es una muestra de confianza y obediencia. Como dice la Escritura:
"Confía en Dios con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y Él enderezará tus veredas." (Proverbios 3:5-6).
Sin embargo, nosotros a menudo actuamos de otra manera. Primero decidimos hacer algo, basándonos en nuestra limitada capacidad de razonamiento y dejándonos guiar por un corazón que, según Jeremías 17:9, es "engañoso y perverso más que todas las cosas". Solo después de haber actuado pedimos la bendición de Dios sobre lo ya realizado.
Cuando actuamos así, Dios, en Su amor y sabiduría, puede no enviar Su bendición.
Esto no es un acto de rechazo, sino una forma de protegernos de nuestras propias decisiones equivocadas.
* Puede ser porque lo que hemos hecho no es lo mejor...
* Porque nuestros tiempos no son los suyos...
* O porque Él tiene para nosotros un propósito mucho mayor.
Como dice Isaías 55:8-9: "Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dice Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos."
Con los años, he aprendido una lección fundamental: no mover un dedo si no tengo la luz verde de Dios.
Esa luz se hace evidente cuando permanecemos cerca de Él, en oración, meditando en Su Palabra y buscando Su guía. Como dice el Salmo 37:5:
"Encomienda a Jehová tu camino, y confía en Él; y Él hará."
Este principio no solo nos guarda de errores, sino que nos permite vivir en el centro de Su voluntad, donde Su bendición y propósito son abundantes.
Por tanto, antes de emprender cualquier proyecto o decisión, preguntémonos sinceramente: ¿Es esto lo que Dios quiere que haga?