“Mi alma está triste hasta la muerte” ¿Esto lo dijo alguien que no entendió el cristianismo? No, lo dijo Jesús.

Admito que no es tan fácil de comprender una sincera consagración a Cristo, combinada con la inseguridad humana ante el fracaso. Es raro, pero yo lo he experimentando más de una vez. He vivido situaciones de mucha tristeza o preocupación o desánimo y sin embargo, mi vida espiritual andaba bien.
Quiere decir que una buena relación con el Señor no nos libra de tener momentos de angustia, de miedo o de duda.
No es fácil mantener esta postura ante tantos predicadores y escritores que omiten de la vida cristiana todo lo doloroso, todo lo árido y nos inyectan la visión de que somos santos sin problemas caminando sobre un campo de rosas plenos de serenidad y sonrisas. Nunca me olvido de un predicador que instaba a la gente a “mostrar los dientes” en señal de felicidad en el servicio. Para él, estar triste era casi como un pecado.

Sólo cuando reconocemos con toda sinceridad nuestra debilidad y dejamos de actuar para la gente, Dios nos toma de la mano y nos transfiere todo su poder para continuar hacia adelante. “Mi poder se manifiesta en tu debilidad” dice 2 Corintios 12:9.
De esa manera, siendo auténticos y mostrando nuestro dolor, damos a Dios la oportunidad de bendecirnos con su poder.
Oración: Amado Señor, gracias por darme el valor para seguir adelante cuando manifiesto mi frustración o mi fracaso. Ayúdame a no testificar mintiendo y ocultando la natural fragilidad humana, sino enseñando a confiar en ti en todo. Gracias Cristo por habernos dejado escritas tus luchas y tus dudas.
Por Marcelo Laffitte