Cuanto más tiempo pasamos leyendo y estudiando la palabra de Dios, más semillas de Dios vamos a tener para compartir. Muchas veces pagamos un precio por sembrar la palabra de Dios, pero terminamos felices por la cosecha que trae.

La gran pregunta es, ¿Qué estamos sembrando en este mundo? Realmente depende de lo que hay en nuestros corazones. Si hay pensamientos del mundo, amarguras, resentimientos, celos, ira o cualquier cosa que va en contra del reino de Dios, eso vamos a sembrar. El que está mal siembra el mal. Si estamos llenos de la palabra de Dios, sembraremos vida espiritual.
Somos llamados a sembrar el bien en este mundo. A plantar semillas del reino de Dios por donde quiera que vayamos, a establecer valores en un mundo confundido, a dejar esperanza donde no lo hay, a ayudar a otros a creer cuando la vida parece imposible, a anunciar la salvación en Jesucristo a todas las naciones del mundo. Somos sembradores. “Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla; Mas volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas” Salmos 126:6.