Hubo palabras que quisieron convertirse en cadenas. Te hicieron sentir que no eras suficiente. Te hicieron creer que tus errores eran tu destino. Te juzgaron por una etapa de tu vida y quisieron convertirla en toda tu historia. Te rechazaron y, por un tiempo, comenzaste a mirarte con los mismos ojos con los que ellos te miraron. Pero se acabó.