A veces la vida coloca a la mujer en momentos donde todo parece derrumbarse. Responsabilidades, preocupaciones, deudas, cansancio del alma y la sensación de que ya no queda nada más para dar. Así estaba aquella viuda en tiempos del profeta Eliseo: sola, angustiada y a punto de perder lo más valioso que tenía.