Persiste sin rendirte

La mujer cananea fue una madre extranjera que llegó a Jesús desde los márgenes. No pertenecía al pueblo elegido y no tenía posición religiosa que la respaldara. Mateo 15:21–28 (Paralelo: Marcos 7:24–30). Tenía una necesidad urgente: su hija estaba gravemente atormentada.

 

Y tenía algo más: determinación. Ella clamó a Jesús. Jesús guardó silencio. Los discípulos quisieron despedirla. Cuando Jesús respondió, lo hace con palabras que parecen duras. No la rechaza, pero su fe es puesta a prueba.
La mujer no se ofende.
No retrocede.
No se rinde.
Responde con humildad y fe. Reconoce su lugar, pero no suelta su clamor.
 
Y esa persistencia abre el camino al milagro.
Jesús finalmente declara sobre ella una de las frases más poderosas del evangelio: “Grande es tu fe.”
 
La historia de esta mujer nos recuerda que la fe persistente no siempre recibe respuestas inmediatas, pero sí produce transformación.
Persistir no es insistir desde el orgullo.
Es permanecer desde la fe.
 
Muchas mujeres se rinden cuando no ven respuesta rápida. Interpretan el silencio como rechazo y la espera como negación. Pero no todo silencio es un “no”.
A veces es una invitación a profundizar la fe, a ajustar la postura del corazón y a seguir creyendo aun cuando no vemos resultados inmediatos.
La mujer cananea nos recuerda que la sanidad también ocurre cuando aprendemos a no soltar la fe en medio de la incomodidad.
 
Detente y pregúntate:
• ¿En qué área de mi vida me he sentido tentada a rendirme?
• ¿Cómo reacciono cuando Dios no responde como espero?
• ¿Estoy persistiendo desde la fe o desde la frustración?
 
Mi amada, recuerda esto: la fe que persevera abre caminos donde parecía no haberlos. Amén.
@nellycoleman.a
@unamujer_guiadapordios

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