“El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.” Mateo 20:28. Este versículo nos invita a examinarnos con honestidad.
¿En qué estoy invirtiendo mi tiempo, mis talentos y mis fuerzas?
¿Estoy viviendo para mis propios intereses, o para los propósitos de Dios?
¿Busco ser servido, o busco oportunidades para servir?
A veces podemos estar tan ocupados en nuestras metas, preocupaciones o logros personales, que olvidamos el llamado principal: vivir para Cristo y su obra. No se trata solo de asistir a la iglesia o participar en actividades, sino de entregar nuestra vida como instrumento útil en las manos del Señor. Servir no siempre implica algo grande a los ojos humanos; muchas veces significa ser fiel en lo pequeño, amar sin condiciones y poner las necesidades del prójimo por encima de las propias.

Jesús nos enseña que la verdadera plenitud no está en acumular, sino en dar. Cuando servimos con sinceridad, experimentamos la alegría de saber que nuestra vida tiene propósito eterno. Cada gesto de servicio, cada oración por otro, cada palabra de aliento es una semilla sembrada en el Reino de Dios. Y esas semillas, aunque parezcan pequeñas, tienen valor infinito ante los ojos del Padre.
Hoy el Señor nos llama a revisar nuestras prioridades. ¿Estamos viviendo para agradarnos a nosotros mismos o para glorificar a Cristo? Que cada día podamos decidir invertir nuestra vida en aquello que trasciende: la obra de Dios.
ORACIÓN: Padre celestial, gracias por mostrarme el ejemplo perfecto de servicio en tu Hijo Jesús. Examina mi corazón y muéstrame si estoy viviendo para mí o para Ti. Ayúdame a invertir mi tiempo, mis dones y mi energía en tu obra. Enséñame a servir con amor, sin buscar recompensas terrenales. Que mi vida sea un canal de bendición y un reflejo de tu gloria. En el nombre de Jesús, Amén.
CENTRO CRISTIANO PUERTA ABIERTA
Sáenz Peña - Chaco


