Sé fiel en este tiempo de tentaciones

Uno de los momentos más tristes de mi vida ocurrió cuando vi a mi padre alejarse para siempre de casa con una pequeña maleta en la mano. Se había separado de mi madre. Era el último capítulo de una dolorosa historia que había comenzado años antes, cuando él decidió cruzar la puerta fatal del adulterio.

 

Mi padre era un buen hombre: afectuoso, culto y con un carisma natural que generaba una atracción especial. Pero todas esas virtudes quedaron en segundo plano cuando decidió entregar su amor a otra mujer, sumiendo a mi madre en la humillación y lastimándonos profundamente a mi hermana y a mí, que por entonces teníamos 20 y 23 años respectivamente.
 
 
Es por eso por lo que insisto en advertir sobre el alto costo del adulterio. Hoy quiero sumar un granito de arena más para ayudar a evitar esta tragedia emocional.
 
Las cifras de divorcios en la actualidad son alarmantes, y el adulterio es una de sus principales causas. Los porcentajes entre hombres y mujeres que caen en esta falta moral son prácticamente iguales. Sin embargo, existen formas de evitar este tsunami emocional que destruye familias.
 
Hoy quiero enfocarme en un aspecto clave para prevenir este mal paso:
 
RECONOCER LAS SEÑALES DE ADVERTENCIA:
Un cristiano que se conoce a sí mismo no puede ignorar las señales de advertencia. Y, sobre todo, no puede jugar con ellas. Cuando se reciben ciertas “señales llamativas” del sexo opuesto, es imprescindible actuar de inmediato y tomar medidas preventivas.
 
Una mirada insinuante, una sonrisa especial, una palabra seductora… Son señales de riesgo que no deben tomarse a la ligera.
 
¿Qué significa tomar medidas preventivas? 
Significa alejarse inmediatamente de la persona que lanza esas señales peligrosas. La Biblia es clara en esto: “Huye también de las pasiones juveniles” (2 Timoteo 2:22).
No importa la edad. Una persona puede tener 80 años y seguir sintiendo pasiones juveniles.
 
Recuerdo que una vez ministré en una reunión de hombres de la tercera edad. Al final, les pedí que el que lo deseara, levantara una oración en voz alta. Nunca olvidaré la oración de un líder cristiano muy respetado en mi país. Con una honestidad brutal, clamó: “Señor, por favor, no permitas que me convierta en un viejo verde”. Su ruego no era para reírse. Ese anciano estaba reconociendo una lucha real y sincera.
 
Las pasiones juveniles son emociones tramposas, pero no invencibles. Dios nos ha dado una poderosa herramienta para controlarlas: la templanza o dominio propio.
 
“Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, TEMPLANZA; contra tales cosas no hay ley” (Gálatas 5:22-23).
 
Es importante recordar que la tentación en sí misma no es pecado. Todos, creyentes o no, seremos tentados constantemente. La diferencia está en cómo reaccionamos ante ella. En muchas ocasiones nos veremos cara a cara con "el gran SÍ y el gran NO".
 
Por eso, tomemos una decisión firme: siempre digamos NO cuando el SÍ implique deshonestidad.
 
Por Marcelo Laffitte
 

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