Ese día resultaría ser muy significativo para Abram, pues por primera vez escuchaba de labios de un sacerdote una bendición, pero la bendición más grande era el nombre que conoció de Dios: Altísimo, Elyon. Ahí conoce que Aquel quien lo llamó y a quien ha seguido es Majestuoso, Supremo, es muy Exaltado, Creador de los cielos y de la tierra, y brota en su ser una nueva forma de verlo.