Testimonio: “Tú no eres lo que te hicieron, eres lo que Yo digo que eres.”

Durante años cargué heridas que nadie veía. Sonreía en público, servía en la iglesia, pero por dentro estaba roto. El rechazo de mi infancia, palabras duras que marcaron mi identidad y decisiones equivocadas me hacían sentir insuficiente. Pensaba que Dios podía usar a otros… pero no a mí.

Un día, en un tiempo de oración, el Señor comenzó a traer a mi memoria momentos específicos de dolor. Yo lloraba, pero no era un llanto de desesperación, era como si cada lágrima limpiara algo profundo. Sentí claramente en mi corazón estas palabras: “Tú no eres lo que te hicieron, eres lo que Yo digo que eres.”

Perdoné a quienes me hirieron. Incluso me perdoné a mí mismo. Fue como si me quitaran un peso del pecho. La ansiedad que me acompañó por años comenzó a desaparecer. La culpa se fue. La vergüenza perdió fuerza.

Desde ese día entendí que la sanidad interior no siempre hace ruido, pero transforma por completo. Dios no solo sana cuerpos… sana recuerdos, sana emociones, sana identidades.

Hoy puedo decir que soy libre. No porque el pasado cambió, sino porque Cristo cambió mi corazón. Y cuando Él sana por dentro, nada vuelve a ser igual.

Fuente: Generación Escogida

Suscríbete a nuestro boletín de novedades

Te vamos a comunicar lo más destacado.
Solo una vez por semana te enviaremos notas seleccionadas de nuestra web.