Con mi esposa Hilda llevamos un cuaderno de oración que ya ha cumplido ¡35 años! En él hemos estado registrando los distintos motivos que nos han movido a buscar ayuda del Cielo, no solo personales o de nuestra familia, sino también de gente amiga.
El cuaderno está dividido en varias columnas. La primera de la izquierda es para colocar la fecha del pedido. La segunda, más amplia, es para escribir el motivo de oración. La tercera registra la fecha de la respuesta del Señor, y la cuarta está reservada para colocar: “¡Gracias!” o también “Gracias por el NO”. (Porque cuando Dios nos cerró la puerta de algún proyecto o deseo, en el momento nos hemos frustrado y hasta nos hemos enojado un poco. Pero luego comprobamos que ese NO era la mejor respuesta). Dice la Palabra en 2 Corintios 12:8-9: "Respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor que lo quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad."
En ese cuaderno hay pedidos de ayuda por “cositas pequeñas”, casi frívolas (porque Dios se ocupa de todo), y otras graves o de suma importancia.
Una de ellas dice así: “Señor, ¿qué hacemos con nuestra perrita Carola?”. Nos estábamos mudando a Buenos Aires y el Señor nos indicó que debíamos regalarla antes de partir de San Nicolás. Tarea tremendamente dolorosa de la que yo me encargué.
Otro pedido expresa: “Guíanos para saber si tenemos que operar a Mariví o no”. Nuestra hija tenía un serio problema en el corazón; algunos médicos indicaban que debían hacerle una “cirugía ya”, y otros que había que esperar. Dios nos guio a esperar como 15 años y todo fue un éxito.
Allí aprendí que en medicina no hay verdades, hay opiniones.
Ante un mismo caso, un profesional dice “blanco” y otro se inclina por el “negro”. Orar a Jesús fue siempre para nosotros la última palabra.
Ese cuaderno tiene muchas ventajas:
1.- Nos permite recordar todas las respuestas que Dios nos ha dado, porque pasa el tiempo y uno se olvida de las enormes bendiciones que ha recibido de él. Un versículo que refleja esta idea es el Salmo 103:2, que dice: "Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios." Este versículo nos anima a recordar y agradecer todos los beneficios que Dios nos ha dado, manteniendo un corazón agradecido y consciente de Su bondad.
2.- Nos permite cumplir realmente con aquellos hermanos a los que les prometemos orar por lo que los angustia. Muchas veces decimos “te vamos a acompañar en oración” y luego nos olvidamos.
3.- Ese cuaderno se ha convertido es un verdadero documento de la fidelidad de nuestro buen Dios, porque más del 80 por ciento de las peticiones fueron respondidas.
Todavía esperamos por el otro 20 por ciento, porque Dios da tres respuestas: “SI”, “NO” y “ESPERÁ”.