No fuiste llamado a vivir dominado por el miedo, la duda o la derrota. Cuando sabes quién eres en Dios, cambia la manera en que enfrentas cada batalla. Tu identidad no está en lo que otros dicen de ti, sino en lo que Dios ha declarado sobre tu vida.
Eres hijo de un Rey. Y no de cualquier rey, sino del Rey de Reyes y Señor de Señores. Eso significa que puedes caminar con fe, con dignidad y con la seguridad de que no estás solo.
Tal vez hoy tengas delante una situación que parece intimidante. No permitas que el tamaño del problema te haga olvidar la grandeza de tu Dios. La batalla puede ser fuerte, pero mayor es Aquel que está contigo.
Caminar en autoridad no significa arrogancia; significa saber que tu confianza está puesta en Cristo. Es levantarte después de caer, orar cuando otros se desesperan y seguir avanzando cuando el enemigo quiere hacerte retroceder.
La Palabra dice: “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios.”— 1 Pedro 2:9. Esa es tu identidad.
No vivas como alguien derrotado cuando Dios te ha llamado a caminar en victoria. Levanta tu cabeza, fortalece tu fe y recuerda: el Rey de Reyes va delante de ti.
Señor, ayúdame a caminar con la seguridad que viene de saber que te pertenezco. Quita de mí todo temor y dame valentía para enfrentar cada día confiando en tu poder. En el nombre de Jesús, amén.