Pablo escribió: “No apaguéis al Espíritu.” —1 Tesalonicenses 5:19. Esta frase es corta, pero contiene una advertencia muy profunda. Pablo está diciendo que el creyente puede adoptar actitudes que obstaculicen la obra del Espíritu Santo en su vida.
La palabra griega utilizada para “apagar” es sbénnymi (σβέννυμι), que significa apagar, extinguir o sofocar, como cuando se apaga un fuego.
Esto nos presenta una imagen poderosa: el Espíritu es comparado con un fuego que no debemos sofocar.
No significa que el ser humano tenga poder para destruir al Espíritu Santo. Significa que podemos resistir su dirección, ignorar su convicción y dejar de responder a lo que Dios está haciendo en nosotros.
¿CÓMO SE APAGA EL ESPÍRITU?
A veces no ocurre de repente. Comienza poco a poco. Primero Dios te habla y tú ignoras. Después te vuelve a hablar y dices: “Después lo hago”. Luego la conciencia te confronta y comienzas a justificar aquello que sabes que está mal. Y finalmente puedes llegar a un punto donde lo que antes te quebrantaba ya no te produce ninguna reacción.
Por eso hay que tener cuidado. No juegues con aquello que Dios te está diciendo que abandones. No apagues el Espíritu con pecado. No lo apagues con resentimiento. No lo apagues con desobediencia. No lo apagues con orgullo. No lo apagues llenando tu corazón de cosas que desplazan la presencia de Dios.
EL FUEGO NECESITA SER ALIMENTADO
Pablo le dijo a Timoteo: “Avives el fuego del don de Dios que está en ti.” —2 Timoteo 1:6
Observa el contraste: No apagues. Aviva. Hay una responsabilidad espiritual de mantener viva nuestra relación con Dios. La oración alimenta el fuego. La Palabra alimenta el fuego. La obediencia alimenta el fuego. La adoración alimenta el fuego. La comunión con Dios alimenta el fuego. Pero también debemos apartarnos de aquello que continuamente intenta sofocarlo.
NO TODO LO QUE TE DISTRAE PARECE MALO
Aquí está una de las trampas más peligrosas.
No siempre necesitas caer en un pecado escandaloso para comenzar a enfriarte espiritualmente. A veces simplemente estás demasiado ocupado.Demasiado entretenimiento. Demasiadas preocupaciones. Demasiado ruido. Demasiadas cosas que ocupan tu mente. Y poco a poco pierdes el tiempo de oración, pierdes el hambre por la Palabra y dejas de escuchar la voz de Dios. El fuego no siempre se apaga de golpe; a veces simplemente dejamos de alimentarlo.
CUANDO EL ESPÍRITU TE CONVENZA, RESPONDE
Si sientes que Dios te está confrontando sobre algo, no endurezcas tu corazón. Si Dios te dice: “Perdona”, perdona. Si te dice: “Sal de ahí”, sal. Si te dice: “Busca mi presencia”, búscala. Si te dice: “Corrige eso”, corrígelo. Si te dice: “Vuelve”, vuelve. Porque cada vez que obedeces, estás demostrando que todavía quieres caminar bajo su dirección.
UNA PALABRA PARA HOY
Tal vez sientes que tu vida espiritual ya no es como antes. Tal vez antes orabas con pasión y ahora te cuesta. Tal vez antes llorabas en la presencia de Dios y ahora sientes sequedad. No aceptes esa condición como permanente. Regresa al altar. Vuelve a la Palabra. Vuelve a la oración. Vuelve a buscar a Dios. No apagues el Espíritu. Aviva nuevamente el fuego que Dios puso dentro de ti.
Porque una vida encendida por Dios puede iluminar una familia, una iglesia, una generación y hasta personas que todavía no conocen a Cristo.
NO DEJES QUE EL FUEGO QUE DIOS ENCENDIÓ EN TI SE CONVIERTA EN CENIZAS.