El enojo te susurra desde adentro

¿Alguna vez te has mirado al espejo justo después de una explosión de rabia y no reconociste tu propia cara? Detente en esta imagen. Es un primer plano brutal. El rostro del hombre está rojo, hinchado, sudoroso, con los dientes apretados y la mirada perdida en la furia. Y enroscada en su cuello, pegada a su oído, una serpiente negra con el ojo encendido como fuego le susurra.
 
 
Esa serpiente no está atacando de lejos. Está íntima. Está adentro. Le habla. Le dice: tienes razón, respóndele, no te dejes, que pague lo que hizo. Y el hombre obedece esa voz creyendo que es la suya.

 

Así trabaja el demonio de la ira en lo más cotidiano: no te grita desde afuera, te susurra desde adentro. Convierte tu boca en arma, tu cara en máscara, y a las personas que más amas en tus enemigos por unos minutos. Y lo peor es que te hace sentir poderoso mientras destruyes. Hasta que pasa la furia, baja el rojo de tu cara, y queda el silencio, las miradas heridas, y esa vergüenza pesada de no reconocerte.

 
Pero escucha lo que dice la Palabra. Eclesiastés 7:9 nos enseña: 'No te apresures en tu espíritu a enojarte; porque el enojo reposa en el seno de los necios.' Y Proverbios 14:29 añade: 'El que tarda en airarse es grande de entendimiento; mas el que es impaciente de espíritu enaltece la necedad.' Esa serpiente en tu oído te quiere necio, impulsivo, esclavo de tu reacción. Dios te quiere sabio, dueño de tu espíritu, libre.
 
Y aquí está la verdad que el enemigo no quiere que sepas: tú no tienes que obedecer esa voz. Romanos 12:21 declara: 'No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal.' Cuando entregas tu ira a Cristo, esa serpiente pierde el micrófono de tu oído. El Espíritu Santo empieza a susurrar otra cosa: paz, paciencia, dominio propio, perdón. Y poco a poco vuelves a reconocer tu propia cara, tu propia voz, tu propio corazón.
 
No dejes que esa serpiente siga hablándote como si fuera tu pensamiento. Hoy declaro que toda voz de ira que se enrosca en tu oído sea silenciada en el nombre de Jesús, que el rostro que la furia te robaba sea restaurado, y que el Espíritu Santo tome el control de tu lengua y de tu corazón. La serpiente calla cuando Jesús habla.
 
Si hoy quieres que Dios silencie esa voz de ira que te susurra al oído, comenta 'CÁLLALA, SEÑOR JESÚS' y comparte esta imagen. Alguien que ya no reconoce su propia cara por la rabia necesita saber que puede volver a ser libre.
 
Publicación de Jesusesmiguia

Suscríbete a nuestro boletín de novedades

Te vamos a comunicar lo más destacado.
Solo una vez por semana te enviaremos notas seleccionadas de nuestra web.