La Escritura revela a un Dios absolutamente soberano: llamó a Abraham sin pedirle autorización (Gn. 12:1), endureció el corazón de Faraón para mostrar Su poder (Ex. 9:12), derribó a Saulo camino a Damasco sin previo aviso (Hch. 9:3-6) y eligió a Jacob sobre Esaú antes de que nacieran (Ro. 9:11-16).



