Un hombre arrodillado, agotado, cubierto de polvo y sudor, contempla lo imposible. Frente a él se levanta una estructura gigantesca de madera, el arca que llevó décadas construir. Pero lo que realmente captura su mirada no es el barco, es el cielo. Porque allá arriba, entre nubes tormentosas y fuego, aparece el rostro de Dios.