Caminando en el Espíritu

En nuestra vida cristiana, enfrentamos una lucha constante entre la carne y el Espíritu. La carne representa nuestra naturaleza pecaminosa, aquella que nos aleja de Dios y nos impulsa a vivir según nuestros propios deseos. Por otro lado, el Espíritu Santo nos guía hacia una vida que agrada a Dios y nos transforma en la imagen de Cristo. Pablo nos exhorta en Gálatas 5:16 a caminar en el Espíritu para no satisfacer los deseos de la carne. Esto significa vivir bajo su dirección, permitir que moldee nuestro carácter y ceder el control de nuestra vida a Dios.
 
La carne y el Espíritu son opuestos. La carne busca satisfacer impulsos egoístas, llevándonos a pecados como la inmoralidad, la idolatría, el odio, los celos y la envidia. Cuando nos dejamos guiar por ella, nos alejamos del propósito de Dios y nuestra relación con Él se debilita.
 
En cambio, cuando permitimos que el Espíritu Santo gobierne nuestra vida, comenzamos a reflejar Su fruto: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y dominio propio. Estos frutos no son producto de un esfuerzo humano, sino de una relación íntima con Dios.
 
Para caminar en el Espíritu, necesitamos cultivar una comunión constante con Dios a través de la oración y la meditación en su Palabra. Debemos depender del Espíritu en cada decisión, pidiendo su dirección antes de actuar. También es necesario morir a nuestra carne diariamente, renunciando a los deseos que nos alejan de Dios y fortaleciendo nuestra vida espiritual. Esto implica alejarnos de influencias que alimentan nuestra naturaleza pecaminosa y rodearnos de aquello que edifica nuestra fe.
 
Gálatas 5:16-25 “Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.”
 
Vivir en el Espíritu no es algo que logramos por nuestras propias fuerzas, sino que requiere una entrega total a Dios. Cuando le permitimos obrar en nosotros, Él nos transforma, nos da fuerzas para vencer la tentación y nos guía por el camino correcto. Al caminar en el Espíritu, no solo experimentamos una vida plena en Dios, sino que también reflejamos su carácter en nuestro diario vivir.
 
¿Estamos caminando en el Espíritu o permitiendo que la carne dirija nuestras vidas? Pidamos a Dios que nos ayude a rendirnos completamente a Él, para que podamos vivir conforme a su voluntad y dar frutos que glorifiquen su nombre.
 
CENTRO CRISTIANO PUERTA ABIERTA
Sáenz Peña - Chaco

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