En nuestra vida cristiana, enfrentamos una lucha constante entre la carne y el Espíritu. La carne representa nuestra naturaleza pecaminosa, aquella que nos aleja de Dios y nos impulsa a vivir según nuestros propios deseos. Por otro lado, el Espíritu Santo nos guía hacia una vida que agrada a Dios y nos transforma en la imagen de Cristo. Pablo nos exhorta en Gálatas 5:16 a caminar en el Espíritu para no satisfacer los deseos de la carne. Esto significa vivir bajo su dirección, permitir que moldee nuestro carácter y ceder el control de nuestra vida a Dios.