"Si te dieron la espalda, yo si estoy" dice Dios

Mi amada hija: Hoy me acerco a ti para hablarle directamente a ese lugar en tu corazón que aprendió a vivir en alerta. Quiero hablarle a la herida del abandono. Sé muy bien cómo se siente ese vacío; conozco el frío helado que deja el silencio de quienes debieron quedarse y se fueron, de quienes debieron cuidarte y te soltaron, de aquellos que miraron tu vulnerabilidad y decidieron dar la espalda.

 

Sé que ese dolor te hizo creer una mentira muy destructiva: que el problema eras tú. Que si no te retuvieron, si no te eligieron o si te descuidaron, fue porque te faltaba algo para ser suficiente. Y desde entonces, has caminado por la vida intentando ser perfecta, esforzándote el doble para que no te dejen, o levantando muros tan altos que nadie pueda traspasarlos, prefiriendo la soledad antes de volver a arriesgarte a ser desechada.
 
Pero hoy quiero que dejes de pelear esa batalla. Quiero que mires tus manos y sueltes el control.
 
Tú no fuiste la culpable del egoísmo, de la incapacidad o de la ausencia de otros. Su partida o su rechazo no definen tu valor; solo demostraron el límite de sus propios corazones. Tu diseño no fue hecho para la escasez de amor, ni para mendigar atención en los rincones donde no saben descifrar el tesoro que eres.
 
En esta nueva semana, quiero hacerte una promesa eterna: Yo nunca te dejaré, ni te desampararé. Mi amor no es condicional. No tienes que ganártelo, no tienes que actuar para retenerme, ni tienes que temer que un día me canse de tus procesos o de tus heridas. Yo te vi antes de que el mundo te pusiera etiquetas, y te elegí con un amor que no retrocede ante tus días más oscuros.
 
Cuando el eco del pasado te haga sentir desprotegida o sola, recuerda que estás sembrada en suelo firme. No eres una hoja al viento que depende de la voluntad de los demás; eres una hija amada, rescatada y sostenida por el Creador del universo.
 
"Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, el Señor me recogerá." Salmo 27:10
Incluso si los vínculos más sagrados de la tierra fallaran, el amor de Dios actúa como un refugio absoluto que te adopta, te abraza y te valida para siempre. No hay abandono que pueda competir con Su fidelidad. 
 
Camina estos días con los hombros erguidos y el corazón en paz. Deja que Mi presencia llene cada espacio vacío que el rechazo humano dejó en ti. Estás a salvo, estás conmigo, y nunca más volverás a estar sola. Con amor inalterable, Dios.
 
 
Publicación de Cartas de DIOS a su Hija

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