Cada cierto tiempo reaparece la misma discusión. Algunos afirman que la relación entre David y Jonatán era romántica o desviada. Pero existe un problema.
La mayoría está leyendo una historia de hace más de tres mil años con los lentes culturales del siglo XXI. Y cuando hacemos eso, terminamos perdiendo la verdadera enseñanza que el texto quiere transmitir.
Porque la historia de David y Jonatán no trata principalmente sobre romance.
Trata sobre algo que nuestra generación ha olvidado: El valor del pacto. La fidelidad. La lealtad.
LA PALABRA CLAVE QUE CASI NADIE MENCIONA
El relato gira alrededor de dos conceptos hebreos fundamentales. BERIT (בְּרִית) Pacto. Alianza. Compromiso sagrado.
Y JÉSED (חֶסֶד)
Amor leal. Misericordia de pacto. Fidelidad que permanece aun cuando ya no existe obligación de permanecer.
Estas dos palabras explican toda la historia.
Sin ellas, es imposible entender lo que realmente sucedió entre David y Jonatán.
¿POR QUÉ SU RELACIÓN ERA TAN EXTRAORDINARIA?
Jonatán era el hijo mayor de Saúl. Era el heredero legítimo del trono de Israel.
David era precisamente el hombre que había sido ungido para ocupar ese trono.
En cualquier reino antiguo ambos deberían haberse convertido en enemigos. Sin embargo ocurrió exactamente lo contrario."El alma de Jonatán quedó ligada con el alma de David, y Jonatán lo amó como a sí mismo." (1 Samuel 18:1) Jonatán comprendió algo que muchos gobernantes nunca entendieron.
El propósito de Adonay era más importante que sus ambiciones personales. Por eso hizo pacto con David."Jonatán hizo pacto con David, porque lo amaba como a sí mismo."(1 Samuel 18:3)
Y como señal de esa alianza le entregó su manto, su espada y sus armas. "Y se quitó Jonatán el manto que llevaba y se lo dio a David." (1 Samuel 18:4)
Aquello no era un gesto romántico. Era un acto de reconocimiento. Era un príncipe aceptando que Adonay había escogido a otro para gobernar.
EL DETALLE QUE MUCHOS PASAN POR ALTO
David jamás olvidó ese pacto. Ni siquiera cuando Jonatán murió. Y tampoco olvidó a Saúl.
Aunque Saúl intentó matarlo durante años. Aunque lo persiguió por desiertos y montañas. Aunque le hizo la vida imposible. David se negó a levantar su mano contra él. "No extenderé mi mano contra mi señor, porque es el ungido de Adonay." (1 Samuel 24:10)
David entendía algo que nuestra cultura está perdiendo. La fidelidad no depende del comportamiento perfecto de la otra persona. Depende de la integridad de quien hizo la promesa.
LA HISTORIA QUE REVELA EL VERDADERO SIGNIFICADO DEL PACTO
Años después de la muerte de Jonatán, David hizo una pregunta sorprendente. "¿Ha quedado alguno de la casa de Saúl, a quien haga yo misericordia por amor de Jonatán?"(2 Samuel 9:1)
La pregunta es extraordinaria. Los reyes normalmente preguntaban: ¿Queda alguien de la familia anterior que pueda amenazar mi reino, así lo eliminamos?
David preguntó lo contrario. ¿Queda alguien a quien pueda bendecir?
Y entonces apareció Mefiboset.
El hijo de Jonatán.
Lisiado de ambos pies.
Escondido en Lo-Debar.
Olvidado por todos.
Viviendo lejos de Jerusalén.
Lejos del palacio.
Lejos de cualquier esperanza.
Cuando fue llevado ante David creyó que había llegado su final.
Pero David tenía otros planes. "No temas." Le dijo...
(2 Samuel 9:7)
Las mismas palabras que aparecen una y otra vez cuando Adonay se acerca a restaurar a alguien.
Entonces David le devolvió las tierras de Saúl.
Le devolvió su dignidad.
Y le devolvió un lugar en la mesa.
"Tú comerás siempre a mi mesa." (2 Samuel 9:7)
EL DETALLE MÁS HERMOSO DE TODA LA HISTORIA
El texto termina recordándonos algo.
Mefiboset seguía siendo lisiado.
La herida seguía allí.
La discapacidad seguía allí.
Pero aun así se sentaba a la mesa del rey.
La restauración no comenzó cuando desapareció la herida.
La restauración comenzó cuando el rey lo llamó por su nombre.
OTRAS HISTORIAS QUE FUNCIONAN IGUAL
Rut permaneció junto a Noemí cuando podía marcharse.
"Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios mi Dios." (Rut 1:16)
Moisés renunció a los privilegios del palacio para identificarse con su pueblo. (Hebreos 11:24-25)
Yeshúa enseñó:
"Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos." (Juan 15:13)
La Biblia presenta una y otra vez el mismo patrón.
La verdadera grandeza no se mide por emociones.
Se mide por fidelidad.
¿Y QUÉ TIENE QUE VER TODO ESTO CON YESHÚA?
Más de lo que imaginamos.
Porque Mefiboset es una imagen poderosa de la humanidad.
Herido.
Incapaz de salvarse.
Viviendo lejos de la presencia del Rey.
Escondido en su propio Lo-Debar.
Y David es una sombra profética de algo mayor.
Un rey que sale a buscar al olvidado.
Que restaura su dignidad.
Que honra un pacto antiguo.
Que devuelve una herencia perdida.
Que lo sienta en su mesa como parte de su familia.
¿No es exactamente lo que hizo Yeshúa?
Israel había tropezado muchas veces.
Las naciones estaban lejos.
Pero Adonay jamás olvidó el pacto hecho con Abraham, Isaac y Jacob.
Por eso envió al Mesías.
No para abolir el pacto.
No para reemplazarlo.
Sino para confirmarlo, restaurarlo y llamar nuevamente a los hijos a la mesa del Rey.
UN MENSAJE PARA NOSOTROS
Vivimos en una generación donde la fidelidad parece haber perdido valor.
Las amistades duran mientras exista beneficio.
Los compromisos duran mientras exista comodidad.
La palabra dada suele romperse con facilidad.
Pero la Escritura nos enseña otra cosa.
Nos enseña que los pactos importan.
Que la fidelidad importa.
Que la obediencia al pacto de Adonay importa.
Y que la verdadera grandeza no se encuentra en quienes comienzan bien, sino en quienes permanecen fieles hasta el final.
Quizás por eso la historia de David, Jonatán y Mefiboset sigue hablándonos miles de años después.
Porque nos recuerda que Adonay es un Dios de pacto.
Un Dios que no olvida sus promesas.
Y que espera que sus hijos aprendan a vivir de la misma manera!!!